¡Te llamamos el hombre milagro!

Testimonio de David Elms, Director de ICEJ-Reino Unido

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10 Jul 2017 (All day)
¡Te llamamos el hombre milagro!

2017 es un año muy especial para cualquier estudiante de la historia y la profecía bíblica.

 

Este año se celebra el 500 aniversario de la Reforma, que hizo que la Biblia estuviera disponible para todas las personas. Una vez que la Biblia fue accesible en lengua vernácula (el lenguaje del pueblo), comenzó una poderosa reforma del cristianismo. A medida que pasaba el tiempo, se revelaban verdades ocultas, incluyendo la comprensión de Jesús como el Mesías de judíos y gentiles. Poco a poco, a través de la lectura de las Escrituras, surgió entre algunos de los Reformadores un entendimiento de que la profecía aún tenía muchos aspectos por cumplir. Un aspecto muy importante era que Israel tenía que existir como nación y que Jerusalén tenía que ser la ciudad de Dios a la que el Mesías regresaría.

Hace cien años, la Ley Balfour fue aprobada por el gobierno británico. Este fue el "certificado de nacimiento" para el Israel moderno. Garantizaba el derecho de retorno del pueblo judío a su tierra antigua y dada por Dios - Eretz Israel.

Hace cincuenta años, Israel fue atacado por sus enemigos. Milagrosamente no sólo sobrevivió, sino que expulsó a sus enemigos de su capital histórica y bíblica, Jerusalén. Este año celebramos el regreso de la nación judía a Jerusalén.

¡Cómo esperaba el 2017! Yo había planeando muchas reuniones, tanto en el Reino Unido como en el extranjero, para compartir acerca de estos maravillosos eventos proféticos y del destino y propósito de Israel. Paralelamente a esto se encontraban los increíbles acontecimientos políticos en Europa y en el mundo. ¡Seguramente éstos eran los heraldos de Su venida!

El 13 de octubre de 2016, con ansiosa anticipación me preparé para la celebración de ICEJ de la Fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén, en la que he sido bendecido por muchos años. Ese día todo cambió en un momento; realmente en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando me puse de pie en la estancia de mi casa, experimenté el dolor más insoportable que he sentido en mi vida. Fue en mis riñones y el dolor me hizo colapsar en el suelo. Providencialmente, cuando me desplomé, mi querida esposa entró en la habitación. Se dio cuenta de que algo estaba seriamente mal, y en muy poco tiempo me llevaron al hospital de Liverpool, mientras yo entraba y salía de la conciencia. Mi mujer dijo que las últimas palabras que le hablé ese día fueron: "Si no te veo aquí, te encontraré allí". El especialista le dijo que reuniera a la familia para decir adiós, ya que había muy pocas posibilidades de que yo pasara por los procedimientos relacionados con un aneurisma aórtico abdominal. Parecía que en vez de esperar a que regresara el Señor, Él estaba a punto de llevarme para estar con Él.

Todo lo que siguió no está en mi memoria. Entré en coma y contraje neumonía. Pasarían muchas semanas para volver a estar consciente y descubrir el increíble poder de la oración en el nombre de Jesús, que iba a levantarme. Esta oración comenzó de una manera pequeña dentro de mi familia, amigos e iglesia. Pronto la situación fue llevada a la atención de los creyentes en el Reino Unido. Las oraciones se ofrecieron desde América a Nueva Zelanda, una experiencia que me llenó de humildad. Jerusalén fue informada de la situación y una cuenta de Facebook Messenger fue abierta por mi familia. Si este aneurisma hubiera ocurrido 24 horas después, habría estado en el avión a Israel, y no habría sido posible hacer algo por mí. Pero hay un plan providencial y un propósito para cada una de nuestras vidas.

A pesar de que iba a perder mi cita en Jerusalén, no debía perderme el mayor milagro de mi vida. Cuando el especialista me dio de alta más tarde, sus palabras exactas para mí fueron: "Este fue un milagro menor". Mi esposa dijo, "¡no fue un milagro menor, sino uno importante!" Recientemente, mi médico local me dijo: "Te llamamos el hombre milagro. El 85% de las personas que sufren de estos aneurismas mueren, y del restante 15% muchos quedan con varias discapaciddades". Desde entonces mi salud y mi movilidad mejoran diariamente. Gloria a Dios.

Sin embargo, la verdad es que no soy un hombre milagro, sino que sigo y sirvo a un Dios que obra milagrosamente y que responde a las oraciones de su pueblo.

Para muchos que asisten a la celebración de la Fiesta de los Tabernáculos, uno de los grandes momentos es la reunión de miles de peregrinos en Ein Gedi. Este espectacular evento en las orillas del Mar Muerto es muy emocionante y poderoso. Estar con tantos creyentes de tantas naciones adorando al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, en la tierra prometida es una experiencia maravillosa.

Esa noche en Ein Gedi, el orador principal se dirigió al liderazgo de ICEJ y dijo que tenía una palabra del Señor de que alguien estrechamente vinculado al ministerio de ICEJ que estaba muy enfermo y que toda la asamblea debía orar por él, así que miles se unieron orando por mí. Él continuó diciendo que en unas horas mis riñones serían sanados. Hasta ese momento yo nunca había sufrido de problemas renales en mi vida. De regreso a casa unas horas más tarde el cirujano vino a mi esposa y dijo que no había daño a mis riñones y que ahora tenían la esperanza de que haría una recuperación completa.

Algún tiempo después, Jürgen me llamó para ver cómo progresaba. Le dije que la arteria que había estallado corría por el frente hasta los riñones, y que tenía esta enorme cicatriz en la parte frontal de mi pecho. Me dijo que el cáncer del que había sido milagrosamente curado había corrido de sus riñones al corazón, a través de las venas. Su enorme cicatriz estaba sobre su estómago. Poniendo nuestras dos cicatrices juntas tenemos el signo de la cruz.

 

ICEJ ha tenido muchas dificultades y pruebas. Sin embargo, estamos cubiertos por la obra terminada de la cruz y por el poder de la resurrección. Si continuamos juntos en la fe y la oración, ICEJ completará su vocación y destino. Hay muchos desafíos por delante, pero, queridos amigos, también hay muchos milagros que les esperan a ustedes y a Israel.

 

Bendiciones y Shalom.

 

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